
Horas frente a la pantalla después de una semana entera de trabajo. Agotado. Necesito un descanso, un respiro. Entonces recuerdo esa frase que dijo de repente sobre la hora muerta, en la que las peluqueras andan sin trabajo y peinándose y chismorreando entre ellas, y cuando lo recuerdo sonrío, y cuando sonrío recuerdo también que esas frases, esas salidas sorpresivas, inesperadas, divertidas, fueron las que me hicieron ver en ella a alguien mucho más que especial.
Entonces mi sonrisa se mantiene, pero es, de cierta forma, una expresión que encierra algo completamente distinto a la sonrisa de sólo un instante atrás.

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